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Carta abierta a Su Santidad el Papa León XIV: Una invitación a honrar a Dios, nuestro Padre Santidad Papa León XIV

Nos dirigimos a usted desde diferentes países, culturas, comunidades y caminos de fe, unidos por una convicción sencilla y profunda: en un mundo que necesita esperanza, reconciliación y fraternidad, existe un inmenso valor en volver nuestra mirada hacia Dios y reconocer su amor por la humanidad. Para los cristianos, este encuentro encuentra una expresión especialmente cercana en una palabra que ha atravesado siglos y generaciones: Abba. Padre.

Con respeto y esperanza, queremos pedir a Su Santidad que considere la posibilidad de establecer en la Iglesia una celebración dedicada de manera especial a Dios Padre, una fecha que invite a los fieles a redescubrir su amor, agradecer el don de la vida y renovar nuestra vocación de vivir como una sola familia humana.

No se trata simplemente de añadir una nueva fecha al calendario. Se trata de abrir un espacio para el encuentro. Un día para volver al Padre. Un día para recordar que somos llamados a amar, servir, perdonar, cuidar y construir juntos.

Una devoción que ya reúne a comunidades:

A través de los siglos y de los continentes, innumerables comunidades han expresado su búsqueda de Dios mediante la oración, la peregrinación, el encuentro y la devoción. Una de las expresiones que inspira especialmente esta petición se encuentra en Trindade, Goiás, Brasil, donde generaciones de peregrinos se reúnen en la tradicional Romería del Divino Padre Eterno.

Cada año, hombres, mujeres, jóvenes, familias y comunidades recorren caminos para encontrarse, orar y celebrar su fe. Trindade se ha convertido así en un poderoso testimonio de una devoción que trasciende generaciones y fronteras. En 2026, su Romería llevó incluso un mensaje especialmente cercano a este movimiento: “Clamamos: Abbá, Pai!”

Ese clamor expresa algo profundamente humano: el deseo de sentirnos cerca de Dios y de reconocer en Él una fuente de amor, misericordia y esperanza. Trindade nos muestra lo que puede suceder cuando una comunidad se reúne alrededor del Padre. Nuestra esperanza es que ese espíritu pueda llegar mucho más lejos.

Muchas naciones. Muchas tradiciones. Un deseo de honrar al Padre.

Esta iniciativa nace dentro de una profunda tradición cristiana, pero su llamado a la fraternidad ha encontrado eco entre personas de diferentes orígenes. Cristianos de distintas denominaciones pueden encontrarse en el reconocimiento de Dios y en el deseo de vivir como hermanos y hermanas.

Al mismo tiempo, personas judías, musulmanas y miembros de otras tradiciones religiosas que sienten una profunda reverencia por Dios pueden acompañar esta iniciativa desde la amistad, el respeto y el deseo compartido de construir la paz. No buscamos borrar nuestras diferencias ni uniformar nuestras creencias. Queremos encontrarnos desde ellas.

Creemos que la fe puede ayudarnos no solamente a mirar hacia el cielo, sino también a mirarnos unos a otros con mayor compasión, dignidad y respeto. En una época marcada tantas veces por la división, la soledad, los conflictos y la desconfianza, necesitamos símbolos que nos recuerden aquello que puede acercarnos.

Una celebración con propósito

Imaginamos una celebración dedicada a Dios Padre que pueda convertirse cada año en una invitación a la oración, el encuentro, el servicio y la esperanza. Una celebración que anime a las familias a encontrarse. Que inspire a las comunidades a servir a quienes más lo necesitan. Que nos recuerde nuestra responsabilidad de cuidar la creación. Que promueva la reconciliación. Que nos invite a acercarnos a quienes están solos, olvidados o sufriendo.

Que permita a cada persona preguntarse: ¿Qué significa vivir como hijo o hija de un Padre que nos ama? Y también: ¿Cómo debería transformar ese amor nuestra manera de relacionarnos con los demás?

De esta manera, honrar al Padre no sería únicamente un acto de devoción, sino también una invitación a traducir nuestra fe en acciones concretas de amor.

Una Familia del Padre

Santo Padre, creemos que existe una oportunidad extraordinaria para compartir este mensaje con una nueva generación. Personas de diferentes países ya comienzan a encontrarse alrededor de una idea sencilla: Un Padre. Una Familia. Un Camino.

Una celebración dedicada al Padre podría ayudar a millones de personas a redescubrir una dimensión esencial de su relación con Dios y, al mismo tiempo, recordarnos que nuestra relación con Él también transforma nuestra relación con los demás.

Por eso, con humildad y esperanza, le pedimos que considere esta petición y la posibilidad de establecer una celebración dedicada de manera especial a Dios Padre — Abba, nuestro Padre.

Que pueda convertirse en un día para agradecer. Un día para regresar. Un día para reconciliarnos. Un día para servir. Un día para recordar que nadie debería caminar solo.

Un día para renovar nuestra esperanza de que, aun siendo diferentes y viniendo de lugares distintos, podemos construir una humanidad más fraterna.

Nuestra invitación

A todas las personas que comparten esta esperanza, las invitamos a añadir su nombre a esta carta. A quienes oran, les pedimos que oren. A quienes sirven, que sirvan. A quienes construyen puentes, que sigan construyéndolos. Y a quienes simplemente creen que nuestro mundo necesita más fraternidad, esperanza y amor, los invitamos a caminar con nosotros.

Con profundo respeto, presentamos esta petición a Su Santidad y confiamos este deseo a la oración y al discernimiento de la Iglesia. Un Padre. Una Familia. Un Camino.

Con respeto, fe y esperanza,

Los firmantes de esta carta

Personas, familias y comunidades de diferentes países, culturas y tradiciones, unidas en el deseo de honrar a Dios, nuestro Padre, y construir un mundo más fraterno.

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